Hace un rato estaba nublado. Había un viento fuerte revoloteando por todas partes. Golpeando nuestros pasos, obligándonos a caminar demasiado rápido. Somos nuevas en esto de ser atropelladas por el aire. A veces Martina no lo entiende y llora. Llora porque no sabe cuál es la intensión de ese amigo invisible que no la deja ir cantando por el camino.

Parecía un día oscuro. Hace un rato. Un día nublado de esos que no están tranquilos consigo mismos. Y entonces me di cuenta que necesitaba de una dosis de poesía urgente para asumir el espeso día. Un poco de mi propio remedio. Una dosis de poesía que fuera capaz de despejar el cielo. Y así fue.

 

 

 

Resulta que ha sido la oscuridad la que ha venido a regalarnos un poco de luz.

Dosis de poesía para hoy

 

 

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